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Última actualización: Oct 18, 2018

El Papa advierte: Se corre el riesgo de que el cristianismo desaparezca de Oriente Medio

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El Papa habla ante los participantes en el encuentro sobre Siria e Irak. Foto: Vatican Media

El Papa Francisco aseguró que el cristianismo en Oriente Medio se encuentra en grave peligro: “Se corre el riesgo de que la presencia cristiana desaparezca precisamente en la tierra desde la cual se propagó la luz del Evangelio a todo el mundo”. En un discurso pronunciado en el Vaticano ante los participantes del encuentro de los organismos de caridad católicos que operan en Irak, en Siria y en los países limítrofes, el Santo padre lamentó que “desde hace demasiados años, los conflictos ensangrientan a esa región y la situación de la población en Siria y en Irak y en los países limítrofes sigue causando gran preocupación”. Para evitar que la tragedia de la desaparición del cristianismo en Oriente Medio se convierta en una realidad, el Pontífice remarcó el importante trabajo conjunto que realizan las diferentes Iglesias implantadas en la región: “En colaboración con las Iglesias hermanas, la Santa Iglesia trabaja arduamente para garantizar un futuro a estas comunidades cristianas”. Entre las muchas iniciativas encomiables que se han llevado a cabo “me gustaría citar este año la gran tarea para apoyar el retorno de las comunidades cristianas en la llanura de Nínive, Irak, y la atención sanitaria otorgada a muchos pacientes pobres en Siria, en particular a través del proyecto ‘Hospitales abiertos’”. Asimismo, Francisco instó “encarecidamente a la comunidad internacional a que no olvide las numerosas necesidades de las víctimas de esta crisis, pero, sobre todo, a que supere la lógica de los intereses y se ponga al servicio de la paz poniendo fin a la guerra”. “No podemos cerrar los ojos frente a las causas que han obligado a millones de personas a abandonar, con dolor, su propia tierra”. Al mismo tiempo, “aliento a todos los actores involucrados y a la comunidad internacional a renovar sus esfuerzos para el retorno seguro de las personas desplazadas a sus hogares. Garantizarles protección y futuro es un deber de civilización. Sólo secando las lágrimas de los niños, que no han visto nada más que escombros, muerte y destrucción, el mundo recuperará la dignidad”. En este sentido, finalizó, “reitero mi aprecio por los grandes esfuerzos en favor de los refugiados realizados por diversos países de la región y por diversas organizaciones, incluidas algunas representadas aquí”.

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