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Última actualización: Jul 30, 2014

Queremos venerar pronto a Pablo VI como beato, dice Cardenal Tettamanzi

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En la tarde de ayer, con motivo del 34º aniversario de la muerte del Papa Pablo VI y desde el altar de la Cátedra de San Pedro del Vaticano, el Cardenal Dionigi Tettamanzi, Arzobispo Emérito de Milán, afirmó que espera contemplar en breve la ascensión a los altares del Siervo de Dios Papa Montini.

"Confío y deseo ardientemente que pronto, –y estoy seguro que muchos, todos, así lo comparten–, la Iglesia pueda venerar a Pablo VI como beato: un deseo que se enciende cada vez que leo sus escritos y pienso en su servicio de amor a la Iglesia y la humanidad", expresó el Card. Tettamanzi al oficiar una Misa en sufragio del Pontífice según informó la agencia SIR.

El posible milagro atribuido al Siervo de Dios sería la sanación de un niño dentro del vientre de su madre. "Dicen ya –continuó el Purpurado–, y estamos en lo cierto, que la condición definitiva de la vida beata de Pablo VI está encendida para siempre en el corazón de Dios".

Esta beatificación coincidiría con el Año de la Fe querido por el Papa Benedicto XVI con motivo del 50 aniversario del Concilio Vaticano II. El Santo Padre no es el primero en decretar un Año de la Fe, ya Pablo VI hizo uno al conmemorar los 19 siglos del martirio de los dos grandes príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo.

Aquel Año de la Fe se realizó del 29 de junio de 1967 al 29 de junio de 1968, y culminó con la publicación del Credo del Pueblo de Dios, un texto que recordaba el Credo Nicea Constantinopla y que presentaba un desarrollo y complementos más amplios.

Al recordar la muerte del pontífice en Castel Gandolfo el 6 de agosto de 1978, día de la Fiesta de la Transfiguración del Señor, el Cardenal Tettamanzi dijo que "se sabe que el Papa Montini amaba mucho la solemnidad de la liturgia de la Transfiguración del Señor: la sentía como un momento de gran y profunda espiritualidad".

En una de sus encíclicas, Ecclesiam suam, Pablo VI explicaba que la Transfiguración "hacía ver también el destino transcendente de nuestra naturaleza humana, que Él asumió para salvarnos, destinada también ésta a redimirnos por su sacrificio de amor irrevocable para participar en la plenitud de la vida, en el destinos de los Santos iluminados", y "arroja una luz cegadora en nuestra vida cotidiana y nos hace dirigir la mente hacia el destino inmortal que eclipsa el hecho en sí mismo".

Por ello, "un destino incomparable nos espera si hicimos honor a nuestra vocación cristiana: si hemos vivido en la lógica de la palabras y los comportamientos congruentes, que nos impone el compromiso de nuestro bautismo".

A la celebración de ayer, oficiada por el Cardenal Tettamanzi, asistieron además de numerosas personalidades, algunos fieles del pueblo natal de Pablo VI, Brescia, quienes viajaron hasta Roma para la ocasión.

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