
El Papa Benedicto XVI afirmó que el ejemplo de San Juan Bautista, cuya
fiesta se celebra hoy, llama a los cristianos “a convertirnos, a
testimoniar a Cristo y anunciarlo a tiempo y contra el
tiempo”.
En sus palabras previas al rezo del Ángelus,
frente a los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el
Santo Padre recordó la vida de San Juan Bautista e indicó que “si se
excluye la Virgen María, el Bautista es el único santo de quien la
liturgia festeja el nacimiento, y lo hace porque está estrechamente
relacionado con el misterio de la Encarnación del Hijo de
Dios”.
“Desde el seno materno, en efecto, Juan es el
precursor de Jesús: su prodigiosa concepción es anunciada por el Ángel a
María como signo de que “nada es imposible a
Dios”.
Benedicto XVI señaló que “el padre de Juan,
Zacarías, marido de Isabel, pariente de María, era sacerdote del culto
judío. Él no creyó enseguida al anuncio de una paternidad ya inesperada y
por este motivo quedó mudo hasta el día de la circuncisión del niño, al
cual él y su mujer le dieron el nombre indicado por Dios, es decir
Juan, que significa ‘el Señor hace gracia’”.
“Animado
por el Espíritu Santo, Zacarías habló así de la misión del hijo: ‘y tú
niño serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor
preparando sus caminos, para hacer conocer a su Pueblo la salvación
mediante el perdón de los pecados’”.
El Papa explicó
que “todo esto se manifestó 30 años después, cuando Juan bautizaba en el
río Jordán, se puso a bautizar, llamando a la gente a prepararse, con
aquel gesto de penitencia, a la inminente venida del Mesías, que Dios le
había revelado durante su permanencia en el desierto de
Judea”.
“Cuando un día, desde Nazaret, viene Jesús
mismo para hacerse bautizar, Juan primero rechazó, pero luego aceptó, y
vio el Espíritu Santo posarse sobre Jesús y oyó la voz del Padre celeste
que lo proclamaba su Hijo”.
El Santo Padre señaló
que, sin embargo, la misión de San Juan Bautista no se había cumplido
hasta entonces, pues “poco tiempo después, se le pidió que anticipara a
Jesús también en la muerte violenta. Juan fue decapitado en la cárcel
del rey Herodes y así dio pleno testimonio del Cordero de Dios, a quien
él, primero que todos, había reconocido e indicado
públicamente”.
El Papa Benedicto XVI también recordó
que "la Virgen María ayudó la anciana pariente Isabel a llevar hasta el
último la concepción de Juan".
"Ella ayude a todos a
seguir a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, que el Bautista anunció con
gran humildad y ardor profético", concluyó.