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Última actualización: Abr 21, 2014

Cardenal Ouellet espera que Congreso Eucarístico Internacional revitalice Iglesia en Irlanda

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El Cardenal Marc Ouellet, enviado especial del Papa Benedicto XVI para el 50º Congreso Eucarístico Internacional de Dublín, consideró que el encuentro derramará grandes bendiciones sobre la Iglesia en Irlanda.

El Cardenal Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, celebró la Santa Misa en el estadio de la capital irlandesa "Royal Dublin Society Arena", para abrir el congreso que se desarrollará en la capital irlandesa del 10 al 17 de junio.

Durante la homilía, indicó que "un evento como éste trae muchas bendiciones a la Iglesia local y a todos los participantes, incluyendo a aquellos que lo sostienen a través de la oración, el trabajo voluntario y la solidaridad". "Ahora la Iglesia en Irlanda está sufriendo y enfrentando muchos nuevos y serios desafíos para la fe. Siendo bien conscientes de estos desafíos, nosotros nos volvemos a Nuestro Señor, que renueva, sana y fortalece la fe de Su pueblo".

La autoridad vaticana señaló que la providencia de Dios colocó este encuentro en Irlanda, "un país conocido por su belleza natural, su hospitalidad y su rica cultura, pero muy especialmente por su larga tradición de fidelidad a la fe católica".

"La fuerte historia de fidelidad de Irlanda ha enriquecido no sólo estas tierras sino también, a través de sus hijos e hijas misioneros, ha ayudado a llevar el Evangelio a muchos otros, lejos de aquí", recordó.

Además, indicó que la Eucaristía nos enseña a permanecer siempre en "comunión espiritual" con Cristo, y aunque "a los ojos del mundo pueda parecer que nos reunimos por razones sociales", estamos convocados por el mismo Señor para que "seamos un solo cuerpo con Él en una real y fiel alianza de amor", dijo.

"Nuestra reunión es un acto de fe en la Sagrada Eucaristía, el tesoro de la Iglesia, que es esencial para su vida y para nuestra comunión como hermanos y hermanas en Cristo. La Iglesia vive de la Eucaristía, ella recibe su propia identidad del don del Cuerpo de Cristo. En comunión con Su Cuerpo, la Iglesia se convierte en lo que ella recibe: se convierte en un solo cuerpo con Él en el Espíritu de la nueva y eterna alianza. ¡Qué gran y maravilloso misterio! ¡Un misterio de amor!", exclamó.

"A estas reuniones, nosotros venimos como somos, pobres pecadores, y es posible que no siempre tengamos la adecuada disposición para recibir la Comunión. Pero, como nos recuerda el documento preparatorio para este Congreso Eucarístico, todos son capaces de vivir lo que se llama ‘comunión espiritual’, como acto de alabanza en el que cada uno se une a la dinámica de entrega personal que se celebra en la Misa".

En este sentido, recordó que recibir la Comunión, es recibir el Espíritu del Señor presente en el Cuerpo de Cristo, quien "pasa a nuestros corazones y a nuestros cuerpos, haciéndonos un nuevo cuerpo eclesial, el cuerpo místico del Señor. Este cuerpo eclesial es nuestra más profunda identidad", e indicó que ese es el gran sentido del domingo y los días especiales de fiesta: "debemos ir a la iglesia a encontrar al Señor resucitado, a fortalecer nuestro vínculo de amor con Él por la participación en la Sagrada Eucaristía".

Finalmente, el Cardenal Ouellet explicó que incluso cuando no se recibe la Comunión sacramental, es posible compartir la gracia que fluye del Cuerpo y Sangre de Cristo a su cuerpo eclesial.

"Esta participación consciente y activa significa pertenecer a un solo cuerpo y recibir de él amor, paz, esperanza y coraje para seguir adelante, aceptando nuestra propia cuota de sufrimiento".

"Aun cuando no es posible acercarse a la Comunión sacramental, la participación en la santa Misa sigue siendo necesaria, válida, significativa y fructuosa", dijo citando una frase de la Exhortación Apostólica Sacramentum caritatis del Papa Benedicto XVI.

Por lo tanto, "abrámonos a la Palabra de Dios, que nos está llamando a ser más fieles colaboradores de la nueva alianza. Seamos más conscientes del inconmensurable don de la Sagrada Eucaristía. Dios merece mucha más adoración y gratitud por este regalo de amor", concluyó.

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